PUBLICADO EN 'CHURRAS CON MERINAS'
Lo primero es lo primero
Publicado el 15. Mar, 2010 por el de siempre en CHURRAS CON MERINAS.
Gracias. Se queda en nada. Muchas gracias. Insuficiente. Muchísimas gracias. Algo se intuye. Sin embargo, esa brevedad, esa abrupta concisión, sugiere que el sentimiento empieza y termina. Que uno se siente agradecido durante un corto período de tiempo y en el momento siguiente ya no. Y no, no es así ni mucho menos. Algún día quizá encuentre unas palabras mejores, unas que se ajusten a la realidad, unas que os hagan justicia. De momento, de forma provisional, os dejo estas: Muchísimas gracias, de verdad.
A los chicos de De Shop: Álex, que se ha encargado del aspecto visual del blog y que ha soportado además mis dudas, mis vaivenes. Jaime, que se ha ocupado de las tripas, de poner orden en ese mundo totalmente incomprensible para mí. Sin vosotros, simplemente no existiría este lugar.
Y a Kike, un diseñador todoterreno que ha dado vida a las ideillas grises en los vídeos del post anterior. Me encanta la frescura que ha logrado, ese punto artesanal.
Yo los conozco. Sé de su talento, de su creatividad, de su capacidad, de su entrega. Para quien no tenga la suerte de hacerlo, dejo los links de sus webs.
www.pulgon.com
www.deshop.es
EL CRONONAUTA
Publicado el 01. Mar, 2010 por el de siempre en CHURRAS CON MERINAS.
El crononauta había llegado ya a su destino, un destino que, claro, no era un lugar, sino un momento. Abrió los ojos y una luz blanca se abalanzó sobre ellos sin compasión. Lentamente, como si se moviera debajo del agua, se arrancó todos los cables y tubos que tenía enganchados e intentó incorporarse.
Se acercó a la ventana arrastrando los pies descalzos sobre el suelo frío y gris. Y, desde allí, contempló una calle cualquiera del futuro. Por todas partes había extraños coches circulando a toda velocidad, haciendo sonar sus cláxones ensordecedores. Y en las aceras, cientos, miles de personas hormigueaban sobre el asfalto siguiendo un orden que a él se le escapaba. Se asomó un poco más y pudo alcanzar a ver el cielo, una gigantesca cúpula grisácea que reposaba sobre un sinfín de rascacielos, como si fueran pilares descomunales.

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