Cubismo fotográfico

Colgado el 20/08/10 por el de siempre en IDEAS QUE DAN ENVIDIA.

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Según parece, fue Picasso quien le aportó la idea germinal a un joven Serge Mendjisky. El cubismo realmente estricto, le dijo, sólo se logrará algún día mediante la fotografía. Tras muchos años utilizándola simplemente como herramienta de apoyo de su pintura, Mendjisky decidió comenzar a explorar sus posibilidades como obra final, y dio con un peculiar estilo de collage. Sus obras, a caballo entre el cubismo y el futurismo, reflexionan sobre el ángulo, sobre el punto de vista y reformulan nuestra percepción espacio-temporal. Pero además, a diferencia de la mayoría de collages (¿quizá todos?) no sólo no resulta plano, sino que genera una experiencia tridimensional, envolvente y dinámica más intensa que un cuadro realista o una fotografía al uso. Sin olvidar que son piezas estéticamente hipnóticas. Si alguien está interesado en hacerse con una serie firmada y numerada impresa en lienzo puede dirigirse a su web www.mendjisky.com.

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¿Por qué llevar casco?

Colgado el 13/08/10 por el de siempre en IDEAS QUE DAN ENVIDIA.

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Según parece, la seguridad y las multas no son razones suficientes para ponerse un casco. Sin embargo, la agencia rusa  GOOD ha dado con algo que quizá sea más persuasivo: el diseño. La enésima demostración de que cualquier objeto puede ser interesante y estimulante si se juega con él. En este caso, ha bastado con aplicar unas fotografías a un casco estándar.


Turistas

Colgado el 10/08/10 por el de siempre en CHURRAS CON MERINAS.

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La primera vez que lo vi fue junto a la catedral. Me llamó la atención su camisa roja, su sombrero blanco de ala ancha y, sobre todo, que llevara calcetines con sandalias. Jamás entenderé por qué esa gente tiene que ser siempre tan extravagante, por no decir hortera. Me hizo gracia, pero no tanta como para indicarle a Sara que mirara porque ella no estaba ese día muy receptiva a mis bromas. Además él atravesaba ya con un grupo el pórtico y nosotros seguíamos disfrutando maravillados la vista desde el mirador. Atardecía sobre el Duero y un azul oscuro tiñó la ciudad dotándola de un aire de irrealidad, como si fuera más bien un gigantesco decorado teatral. Pero, como digo, ésa fue la primera vez que yo lo vi. Ahora estoy convencido de que no fue la primera que él nos vio a nosotros.

La mañana siguiente hicimos un recorrido en tranvía a lo largo del río y ahí estaba de nuevo. En el mismo vagón, dos o tres filas de asientos por delante. Iba solo, sin hablar con nadie. Pensé que era una simple casualidad, sobre todo porque él se bajó a mitad de camino. Nosotros seguimos hasta la desembocadura. Iba a comentarle a Sara lo del anciano con sombrero, sandalias y calcetines, pero la magnificencia del paisaje me disuadió de hacerlo. Durante un buen rato tratamos sin éxito de definir el lugar exacto en que el río deja de ser río para convertirse en oceáno, tema que terminó siendo motivo de discusión. No nos apetecía, pero deambulamos cogidos de la mano, como cualquier otra pareja. Nos imaginé vistos de lejos, debíamos ser dos puntitos blancos frente a una inmensidad azul.

Cuando divisé su enorme sombrero desde la barandilla del segundo piso del mercado do Bolhao, fue como si me atravesara un fogonazo de luz. Inmediatamente,

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